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Tú sí que tienes suerte, lo tuyo no es un trabajo

October 10, 2025

El artista, el arte, el que pinta, el que pinta en la calle. La sociedad, por lo general, asimila y asemeja el arte con lo poco práctico en el ámbito del emprendimiento: algo que no da dinero, algo que no es de provecho. Ese estigma se asocia automáticamente. Esto ya lo he hablado anteriormente en otros posts, pero es algo que me ha acompañado —y me persigue— toda mi vida. Lo veo reflejado en muchos momentos del día, unas veces más que otras.

Las creencias de quienes habitan una sociedad donde el esfuerzo sin medida es, en ocasiones, más aplaudido que la productividad inteligente… De esos montes nacen esos ríos que arrasan con cualquier reconocimiento hacia los artistas o la gente del gremio.

Y ojo, cuando digo artista, me refiero a la persona que se busca la vida sin ayudas gubernamentales ni subvenciones, a quien trabaja desde abajo, solo, sin respaldo. No me refiero a los jetas que cobran ayudas para rascarse los huevos asistiendo a charlas vacías y a exposiciones de sus amigos, que por lo general pintan como el culo. A esos, no.

Esta mañana me desperté con una sensación extraña. No me costó mucho darme cuenta del porqué. Ya en diversas ocasiones, una persona importante me ha vuelto a soltar lo de:

“Tú sí que tienes suerte, lo tuyo no es un trabajo.”

La verdad es que no son muchas las personas que me lo dicen, pero alguna aparece. Lo que realmente duele es cuando lo dice alguien que tendría que sentirse orgulloso de ti, alguien que debería conocerte tanto, conocer tanto tu historia personal, que esa comparación fuese impensable, absurda, fuera de lugar. Pero sucede…

Y el tema es que, en el fondo del fondo, tras esas ganas de gritarle a la cara y decirle que no tiene ni puta idea, hay un entendimiento con fundamentos propios. Sí. Solo uno sabe por dónde ha pasado para llegar al punto actual. Solo uno sabe. Nadie más.

Así que es normal —o al menos lo más frecuente— encontrarse con personas que atribuyen lo que tienes a la suerte. Es normal que quienes menos te conocen juzguen sin saber.

Que me digan que no trabajo suficiente si ahora estoy descansando más y tomándome mi tiempo para mí porque puedo, quizás sea porque no tienen ni la más remota idea de por todo lo que he tenido que pasar para llegar hasta aquí.

La preocupación solo aparece cuando ese juicio viene de alguien de tu círculo cercano, alguien importante para ti, alguien que realmente te conoce y sabe lo que has pasado. Si esas personas son las que tachan, comparan y juzgan, entonces sí, tenemos un problema. Y ojo, quizás no sean maduras, no entiendan lo importante que es reconocer el esfuerzo de los demás, o simplemente no empaticen en absoluto.

Detrás de eso puede haber rencor, rabia, ira, envidia, comparación, competición… En definitiva, una falta de autoestima.

Conclusión que saco de todo esto:

si alguien te dice que lo tuyo no es un trabajo, o que no trabajas lo suficiente, antes de saltar, pregúntate una cosa: ¿tiene razón?

Quizás la tenga y seas un zángano que necesita ponerse a currar. Pero si no es así, lo mejor que puedes hacer es aplicar la técnica del “me importa una mierda tu opinión de mierda”.

A mí, la verdad, me está funcionando bastante bien últimamente.

Esto lo he escrito yo, tecleando las teclas del portátil, sin café, en calzoncillos, recién levantado, porque tengo un superpoder: olvidarme de todas las ideas que tengo durante la mañana, en esos momentos de puro placer que solo te puede dar el “remolonéo“ matinal en la cama”.

Ya de paso, y para repartir un poco a todos en esta maravillosa mañana, destaco también que, para los que quieren quitar valor constantemente a las cosas añadiendo el tema de la IA: utilicé solo ChatGPT para corregir las faltas ortográficas. Lo aclaro también para los “expertos de la coma”, esos que ven un texto de puta madre pero si te dejas una ya les da un infarto y se les salen los ojos como a Arnold en Marte. Tranquilos, esta vez he tenido hasta ese detalle.

Así que nada, después de este desahogo matinal necesario, me voy a bajar a hacerme un café. Quizás luego me dé una vuelta en bici. Y más tarde, sí, más tarde, cuando me sienta despejado, me pondré a “trabajar” un rato.

¿Por qué “trabajar” lo puse entre comillas?

Eso… otro día lo explico.

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